Semana Santa
Días con propósito y significado
Hoy es Lunes Santo. No es un día tan famoso como el Jueves Santo o el Viernes Santo, pero no deja de ser el lunes de la Semana Santa. Esa semana en la que pasan cosas peculiares por las calles, así como por las almas.
Llevo unos 30 minutos buscando un documento en mi ordenador*. Al final os cuento lo que es (no es clickbait, es que no tiene tanto que ver con cómo se ha desarrollado el artículo al final).
No voy a retrasar la escritura más. En ese texto que ando buscando hablo sobre cómo me sentí al recorrer las calles de Granada durante la Semana Santa de hace unos años y cruzarme con una procesión. Algunos de los que me leéis sois buenos amigos o familia, aunque cada vez menos noto la diferencia entre las dos palabras; otros, extraños. Por lo que algunos sabéis que soy católica, y otros o lo habéis deducido ya por lo que dejo entre líneas (que es siempre donde ocurre lo más interesante), u os acabáis de enterar.
Quitando de la ecuación los adjetivos que a veces nos adjudican a los católicos, me considero una tipa bastante normal. Diría que incluso algo más divertida que la media, y con una capacidad para el asombro muy grande y una curiosidad infinita e insaciable. Si opinabas igual hasta que has descubierto, oh, cielos, que soy de esos, y ya no quieres leer más, lo siento mucho. Por ti, digo. Yo seguiré estando perfectamente.
Sin embargo, si te pica un poco esa curiosidad que yo rezumo (del verbo rezumar, no es una errata, que sé que un par de mis lectores esperan mis deslices con ganas), creo que estas fechas pueden dar qué pensar a ti también, por poco que tengas que ver con esos.
La Semana Santa es la semana más importante para nosotros (es la primera vez que empleo la primera persona del plural escribiendo aquí, pero es que no se entiende el catolicismo sin la comunidad, sin la comunión) por muchos motivos, algunos evidentes, otros no tantos. No recuerdo a quién le decía el otro día que, aunque son fechas de imágenes amargas, son coronadas con la mayor fiesta posible, el Domingo de Resurrección. Son días que condensan la fe y nos recuerdan lo que creemos. Nos llenan de esperanza.
No pretendo convertir esto en una catequesis (al que le interese, que me invite a un Colacao y se la doy), pero creo que hay algo que desde el no-creer puede hacerse para aprovechar estos días.
Los católicos solemos ponernos propósitos. Todo tiene una explicación teológica detrás, rica e interesante, pero considero que si entro en ella, este texto no llegará a donde quiero que llegue. Aun así, creo que te he demostrado que soy el tipo de escritora de la que te puedes fiar (soy incapaz de mentirle a la hoja en blanco). Fíate de mí, anda.
Total. Que solemos reflexionar, prepararnos, recogernos. Me gusta mucho esa palabra, creo que aplica mucho hoy día. Estamos dispersos entre fotos, likes, comentarios, series, trabajo, «gym», cotilleos, escándalos, compras… Y es importante recogerse. Hacerse uno. Tomar los cabos que nos componen y trenzarlos en una cuerda que cumpla su función. Lo hacemos con la mirada puesta en el Cielo, que es donde esperamos estar cuando nuestra cuerda se haya atado a todo lo que tenía que atarse, pudiendo entonces, de forma paradójica, desligarse de todo y pasar al Empíreo.
Creas en algo o no, siempre es bueno recogerse, ¿verdad? Eso no me lo puedes negar. El silencio es maravilloso, necesario, es precisamente esa cuna en la que te recoges (voy a dejar de usar la palabra, me estoy rayando ya). Te deja mirar hacia dentro. Además, bien sabes que todo el mundo cree en algo. Quizás es momento de que te replantees en qué crees. ¿En el éxito en cerrar esa venta como felicidad? ¿O en la sobremesa como el punto a mejorar, porque en ella te encuentras con los que te cuidan? No sé, piénsalo.
Total, que no estaría de más que, aunque no seas de los míos, te tomes unos días de pausa, para pensar un poco sobre el para qué de las cosas, que es más importante que el por qué. Puedes hacer que coincida con estas fechas, puedes dejar de fiarte de mí (no te lo aconsejo, soy el tipo de escritora que quieres seguir leyendo). Por poder puedes hacer lo que te dé la gana, pero ya te digo yo que cada año, por Semana Santa, se abre mi mundo interior de forma especial y redescubro qué me importa. Quién me importa.
Cualquier duda, puedes responder al mail y comentarme qué clase de sentimientos he removido que te ha hecho mandarme un mensaje, estaré encantada de charlar. Recogerse también es ayudar a recoger.
* En realidad, no lo estoy buscando. El buscador predeterminado de Windows es nefasto, así que empleo una herramienta de terceros que busca a toda pastilla. No recuerdo el título del documento que buscaba, pero esta herramienta no indexa el contenido de los documentos. O al menos, no la versión que yo tenía. He instalado la nueva versión, está indexando todo lo que tengo en el ordenador, y luego le pediré que incluya el contenido de mi carpeta «Documentos», llena de relatos e historias cuyos títulos me bailan sevillanas. Espero encontrar entonces el documento que busco.
Pues no lo he encontrado porque lleva hora y pico el programa ese indexando (mi querido Huawei Matebook 14 tiene ya 6 años y sumando y a veces pienso que debería ofrecerle una calada de un puro y funcionaría mejor). Así que lo he sacado de las entrañas de Instagram, app en la que no quería entrar esta semana, uno de mis propósitos. Qué propósitos tan curiosos estos de los católicos, ¿eh? PUES NO. También lo recomiendo a mis fellow non-catholic readers, es muy reconfortante ver la vida sin el prisma rosáceo de ese vástago de Meta.
Helo aquí el texto:
Granada, 4 de abril de 2023. Las calles húmedas de acentos extraños, impera el granadino. Los pies cansados de ir y venir. Las manos alzadas. ¿Aclamando? ¿Extendidas para si quiera rozar su manto? No. Entre sus dedos, un dispositivo telefónico móvil con una tecnología puntera que les permite ver a través de la pantalla lo que sus ojos no quieren si quiera detenerse a analizar. Pasa la Dolorosa, o la Virgen del Rosario, o la de los Gitanos. ¿La verdad? No sé ni qué Virgen me he ido a cruzar. Sólo que, tras comprar un libro para mi hermano, y haciendo tiempo, he decidido ir a dedicarle una miradica a Ella, o Él, el que pasara en ese momento. Y me he encontrado con mi madre, la del Cielo, y nadie la miraba de frente. Todos grabando con el móvil. Qué pena, Madre, para una vez que sales a la calle al año, que estemos más pendientes de la foto que de ti. Cuando los costaleros suben a la Virgen de nuevo, "al Cielo con Ella", los que no sostienen el teléfono aplauden. Un escalofrío recorre mi columna. Recuerdo lo que leía ayer, sobre cómo la gente aclamaba a Jesús al entrar en Jerusalén para luego injuriarle días más tarde, precisamente en el libro que acabo de comprar para mi hermano. Sé por qué son esos aplausos, claro, pero no dejo de verle cierto morbo a ese celebrar en lugar de guardar un silencio respetuoso ante la imagen del Salvador, o de su Santísima Madre, yendo tras Él. Pero, claro, quién sabe quién es el que carga con esa cruz. Pocos hablan ya de un Salvador. La inmensa mayoría viene por el folclore. Vestidos con poca ropa, viendo un espectáculo como quien va al cine, puestos donde venden de todo, gente comiendo ese de todo. Si es que, al pasar Nuestra Señora, he visto a un chico entrar en BeReal y aprovechar el momento estelar para hacerse un selfie con la procesión, con la Virgen, en concreto. ¿Perdón? Y el sentido de todo, la Semana Santa católica, llena de significado, llena de dolor y de esperanza... ¿Quién la vive? ¿Acaso mira alguien al protagonista? ¿Acaso alguien mira al Cristo ensangrentado, y se le conmueve el corazón sabiendo que es el que ahí lo ha clavado? Y me miro a mí misma, llena de prejuicios contra los demás. Y recuerdo que soy la causante del sufrimiento que padece el Señor. Que no me libro, que no me salvo. Bueno. Justo al revés. ¡Me salvo! Y de eso eso van estos días. De que hay gente que me quiere, y gracias a ella merece la pena. Ya me entiendes, y si no, te invito a un café y te lo explico. Me voy calle abajo, dejando con pena atrás a las imágenes rodeadas de tremendo gentío, tan solas, tan desamparadas.
Saludos y feliz recogimiento.
¡Has llegado al final! Toma, un recuerdo del Bosque: 🍁
Comentarios
Everything... supongo. ;-)
Supones bien. ;)