«Ante la duda: no le gustas»
Algo que escribí hace un mes
Acabo de leer el artículo de una chica (lo dejo al final). Me ha saltado y me ha gustado. Muchísimo. Y eso que al ir a visitar su perfil con solo un vistazo he podido ver que somos polos opuestos (cosa que ya intuía por algunos detalles de su escrito). Pero qué guay ha sido verme reflejada en alguien tan distinto.
Me ha gustado su tono incisivo, directo, claro y «macarra». Me ha recordado a cuando yo escribía sobre cosas que me enfadaban y le metía caña a Word, despotricando (siempre cuidando la ortografía y gramática) contra fantasmas que solo puedo combatir escribiendo. Bueno, en realidad no eran solo cosas que me enfadaban, era de todo un poco. Pero recuerdo que yo tenía colmillo, ¡colmillo! Y que me merendaba lo que se me pusiera delante con tal de expresar lo que llevaba dentro. Y también que ventilaba mis frustraciones presionando teclas, y mi hermano se asomaba donde yo estaba y me preguntaba todos los días: «Qué, ¿cómo va tu libro?».
No sé por qué hablo en pasado, sigo teniendo colmillo y todo lo que tú quieras. En algún punto de mi corta vida creí que sería mejor no enseñarlo, para que reinara la paz. ¡Hasta aquí! He pensado, por un momento, que llevo unas semanas algo blandas. ¡Quiero fuego, destrucción, sangre y sudor! Espadas, luchar, irme de aventuras, caerme, unas botas de combate y usar cantimplora. Quiero un arco con flechas envenenadas, quiero creer que hay dragones y quiero mancharme las manos cavando trincheras. Y también quiero papel y tinta infinitos y no separarme de ellos, y vivir en el Bosque en una cabaña de madera que huela a pino y limón y que un chico apañao a mi lado toque música tranquila y tararee mis canciones favoritas. Quiero dibujar paisajes en calma mientras escucho las ambulancias pasar por mi calle, y acurrucarme al sol en el roalillo en el que pega en mi cama a partir de la 1 de la tarde, mientras suena alguna canción dulce de letra amarga, y pienso en qué bonito sería escalar por el lomo de mis novelas favoritas y derramarme entre las líneas y despertar en esas historias. Quiero contrastes, claroscuros, que me quemen los ojos al salir de una cueva y que se me encoja el corazón al zambullirme en agua helada un día de calor.
Qué bobada, ¿no? El artículo nada tiene que ver con lo que yo estoy diciendo, se llama «Ante la duda: no le gustas», pero me ha recordado tanto a tantas cosas que tengo escritas (y vividas, que viene a ser casi lo mismo) que me he disparado a escribir sin propósito.
En un momento dice el artículo: «En cambio, hay otros días que no puedo dejar de mirar las manos de una desconocida y entonces, sin haber visto siquiera su cara, ya sé que me gusta. Es tan azaroso el deseo. Solo se necesita un tono de voz. Una cadencia. Una peca. Un paso de baile. Una carcajada. En definitiva, una sutileza, para despertar o anestesiar el anhelo».
Una cadencia, una peca, un paso de baile, una carcajada. Bendito momento en el que la risa estalló en los labios de Dios y decidió crearnos a su imagen con ella incluida.
Ya está, ya se me ha pasado. Qué ganas tenía de desfogar, de escribir algo que no tenga sentido, y que no vaya a parar a ninguna parte para descansar la cabeza. Claro, como ahora tengo el blog, suelo escribir pensando en que quiero que los que me lean me entiendan. Pero cómo me gusta escribir al tuntún, saltar de una idea a otra sin conexión aparente para el resto pero con un hilo conductor tan claro como la risa de mi hermana en el salón de casa una tarde perezosa de verano.
No lo publiqué en su momento porque me entró el pavo después de que mi gran amigo George me dijera su opinión, siempre tan acertada, y Maria Laura me diera la suya. Los dos sabrán, porque me conocen de maravilla, que al final acabo «haciendo siempre lo que me da la gana». Y hoy me daba la gana.
El artículo que inspiró estas líneas:
¡Has llegado al final! Toma, un recuerdo del Bosque: 🍁


Comentarios
¡Gracias por la 🍁!
;-)
¡Nada! Si coleccionas suficientes puedes empezar tu propio Bosque.