Avioneta,
que no tren, de razonamiento
Escribí esto hace ya… domingo 5 de julio, a las 16:03
He repasado la lista de temas sobre los que tengo pendiente escribir. Como suele ocurrirme, ahora no quiero escribir ninguno de ellos, lo que no quiere decir que no vaya a hacerlo en algún momento. Sin embargo, he preferido pensar en otra cosa.
Y esa otra cosa tampoco me está apeteciendo. Los detalles. El otro día alguien tuvo la delicadeza de notar que siempre que paso por una calle me detengo un segundo nada más a mirar al fondo de la misma, porque se ve un iglesia recortada entre las casas con árboles alrededor. Me gusta ese rinconcito, pero no creí que fuera perceptible mi segundo mirándolo. «Puedes escribir sobre los detalles», me he dicho, y he ido a hacerlo pero hoy tengo el cuerpo vacío.
¿Qué quiero decir? Pues que me da la sensación de que estoy hueca, de que no hay órganos, ni músculos, ni sangre, dentro de mi persona. A veces me pasa. Puede que sea porque me he levantado muy tarde, puede que sea porque ayer me levanté pronto y me dio para hacer muchas cosas. Puede ser muchas cosas, pero creo que es bueno que esto me pase de vez en cuando. Primero, porque no debo estar siempre activa. Segundo, porque la incomodidad es parte de la vida. Y tercero, porque como me voy a sentir igualmente así, me guste o no, pues al menos digo que es bueno que me pase de vez en cuando, aunque creo que no me lo creo.
Entre párrafo y párrafo estoy deteniendo las manos y fijando los ojos en un punto indeterminado de mi habitación. No suelo escribir así. Es raro que escriba así. La medicina que suelo tomar es sencilla: ordenar la habitación. Ha habido mucho movimiento últimamente en el piso, y mi hermana pequeña ha terminado su paso por el norte y ha tenido que traer todo lo que tenía acumulado después de 4 años viviendo allí. Mi habitación ha pasado a estar muy llena y luego se ha ido a casa con muchas cosas, así que está menos llena, y con tanta cosa me ha sido difícil mantener las cosas en su sitio.
Una de mis actividades favoritas se llama «optimizar el espacio». Es reordenar constantemente sabiendo que hay formas mejores de hacerlo y no estando nunca satisfecha. Es una tarea crónica, una actividad permanente, una fuente de medicina inagotable. Me entretiene, me gusta ver las cosas ordenaditas, y me da bastante paz porque no tengo que pensar en nada ni necesito estar rellena. A mis hermanas las saca de quicio de buena manera. No lo entienden. ¿Se han sentido huecas alguna vez? (Hermanas, queridas, cada vez que me veáis ordenar, no penséis que estoy hueca. Esas veces son las de menos).
El texto de hoy está siendo muy caótico, me vais a tener que disculpar, pero me he dicho que TENÍA que escribir algo, y esto es lo que está saliendo. Voy a hacer un experimento. Voy a poner música, voy a ordenar y luego voy a volver y a escribir. Quizás se note la diferencia tras haber tomado la medicación.
Retomo esto 20 días después. Ordené, me quedé a gusto, y no me apeteció seguir escribiendo. Nunca es tarde si la dicha es buena, dicen, y a mí me es exactamente igual la hora a la que escribo, así que…
No voy a dejar de publicar lo anterior porque ahora tenga menos relevancia o porque sea un batiburrillo de cosas. Quizás a alguien le ayude leerlo. Quizás no. Pero está escrito y sería un desperdicio no publicarlo, ¿no?
Hoy es sábado, 25 de julio. Es la fiesta de Santiago apóstol, patrón de España, y esta mañana he pasado la mano por el escritorio y me he manchado los dedos de ceniza. El sol, al salir del portal, he podido comprobar que teñía de un naranja antinatural las calles. El fuego se come todo a su paso, y yo estoy en mi sofá escribiendo en mi ordenador mientras hay gente que huye de lo que llamó casa ayer.
Yo ayer vi la película más mala que he visto en mucho tiempo. Mi amigo Álvaro, a mi lado, se partía la caja increíble. A mí la peli me dio la sensación de durar 5h.
Ayer también hablé con mi gran amigo George, que pudo ponerme al día de sus aventuras de jurista doctorando. Pasé con Álvaro quince minutos en la sección de perfumería del Mercadona oliendo los nuevos botes, me pinté las uñas de los pies por primera vez en un año y voté los nuevos billetes de la Unión Europea.
Escribir a veces cuesta, y llevo varios días escribiendo bastante, pero cosas que son mías, para mí, y que no podéis leer, ya siento. Habréis de conformaros con este tren de razonamiento que más que tren es avioneta que vuela de un lado a otro haciendo eses.
Espero poder subir pronto algo que se parezca más a un artículo y menos a una visita de 2 minutos por la mente de Irene.
Farewell!
Comentarios
Naaaaa fue un PELICULÓN
Avioneta u hoja del bosque
Me gusta.