El Bosque

«Tócate las narices»

Y otras cosas que jamás dijo Gabriel García Márquez

«Tócate las narices» Irene

Cada vez que desaparezco un tiempo, que es a menudo, y vuelvo, digo que hago una vuelta «estelar». La cosa es que hago tantas vueltas estelares que acaban perdiendo su gracia, el elemento especial deja de serlo al hacerlo periódico. Aún así, no me cansaré de hacer vueltas estelares.

Hoy vuelvo para despotricar contra la EMT. No contra sus horarios, o cómo los buses hacen lo que les da la real gana y aquí nadie dice nada. No. Vengo a hablaros del ameno contenido que ofrece la Empresa Municipal de Transportes junto al mapa de paradas.

No tengo foto, pero el que se haya subido a los buses azules de la Comunidad de Madrid sabrá de qué hablo. Hay unas pantallas donde a la izquierda te dicen las paradas que están por venir y a la derecha te ofrecen un variado contenido cultural y genérico. Algo así como el mix de frutos secos del Mercadona pero peor ejecutado. Y digo peor por dos motivos:

  1. Han cambiado el diseño y ahora es más feo si cabe. Antes era bien de feo, pero es que ahora encima es soso. Antes era anticuado, pero tenía carácter. Ahora el BOE tiene más appeal que los contenidos que van rotando.

  2. El que redacta el contenido no sabe escribir, o leer, o ambas. Y además es tonto.

Prosigo con el desarrollo del punto 2 con un ejemplo real. Aunque se podrían poner muchos, voy a poner solo uno. Y punch.

Entre la información que nos ofrece la EMT podemos encontrar tanto recomendaciones a seguir dentro del transporte público como consejos de botánica, datos sobre el cuerpo humano, lugares de interés en Madrid, eventos deportivos, cultura y mi sección más odiada, «Cosas que decir».

«Cosas que decir» es el nombre más estúpido posible para una sección de citas célebres de toda la vida. Porque jamás de los jamases nadie mete una cita célebre en una conversación por la cara y se queda tan a gusto. Las citas son precedidas de contexto, y cuando las sueltas aclaras que no es tuyo eso, que es de un tal Sócrates, que sabía pocas cosas o eso decía. «Cosas que decir» trae al plano cotidiano frases de lo más variopintas. Dejaría pasar una nomenclatura tan poco currada si las citas al menos fueran buenas. Pero es que escogen lo peor de lo peor. Citas que no vienen a cuento. Suelen ser pastelosas, poco concretas, y nada memorables.

Uno podría ahora contraargumentarme que eso es subjetivo, que habrá quien las encuentre interesantes, que algo de buenas deben tener. A lo que diré que no, que si tienes criterio literario sabes que eso es una «mierda pinchá en un palo» (esto es una famosa cita dicha por un famoso villano). Aun así, os lo compro, puede que para el ciudadano medio, cuya lectura de los titulares de un periódico ya se le atraganta, puede que para él esta selección de citas sea fuente de conocimiento y cultura. Puede que le abra los ojos. Puede que encuentre en ellas la verdad, ¿verdad? NO. MENTIRA.

Porque mis amigos de la EMT, o el listo que se encarga de esa sección, no se ha parado a contrastar si esa dichosa frasecita la dijo realmente el pobre desgraciado a quien se la atribuyen.

Y diréis, Irene, ¿dónde está el ejemplo? Y yo responderé: chicos, tranquilos, yo, al contrario que las personas que ponen las citas en la pantalla de la flota de autobuses de la EMT, no miento. He aquí vuestro ejemplo:

Iba yo hace unos días tan contenta al trabajo (esto es, claro, una forma de hablar) el miércoles 12 de agosto cuando posé mi vista sobre la pantalla. A veces me entero de datos curiosos, por lo que me permití entretenerme con tremendo menú de datos. Apareció mi vieja amiga, la sección «Cosas que decir». Puse los ojos en blanco, y me dispuse a bufar ante la nueva gran cita del día.

«Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar»

Gabriel García Márquez

Me quedo patitiesa. Eso no es verdad. «Quien bien te quiere te hará llorar» es una de las pocas verdades universales, junto con el hecho de que la playa está sobrevalorada y que 100 hombres NO podrían ganar a un gorila en una pelea. Así que a qué viene García Márquez con tamaña sandez. La gente que se merece tus lágrimas te va a hacer llorar solo por el mero hecho de ser gente. Personas. Que se equivocan, que la pifian, que meten la pata y que a veces se mueven por egoísmo, porque aquí ninguno es perfecto y todos hemos hecho daño a alguien a quien queremos alguna vez.

Me bajé del bus trastocada. Sí, trastocada. Me senté en mi puesto, pero no podía dejar ir la idea de que nos están alimentando mamarrachadas en las pantallas de la EMT y nos estamos dejando hacer. ¿En qué momento, Gabriel, querido, dijiste aquello? Sólo he leído (sí, tildo «sólo») El coronel no tiene quien le escriba, tengo pendientes otras novelas tuyas, pero no me pega que un tipo de tanto renombre como tú dijera algo así y se quedara tan pancho.

Me puse a investigar. Mi investigación, gracias a las nuevas tecnologías, duró aproximadamente 5 segundos.

Tócate las narices.

Mi disgusto no fue grande, porque no esperaba gran cosa de una sección llamada «Cosas que decir», y aún así me dolió.

Fin.


Si eres quien pone ese contenido y lees esto, ya siento, majo. Hoy te ha tocado a ti.

¿Quieres ver magia potagia real? Pon tu correo aquí.

Irene

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Comentarios

Un suscriptor

MENTIRA. Obviamente 100 hombres pueden con un gorila,.

Un gorila es muchísimo más peligroso que un hombre individual, pero 100 hombres coordinados acabarían teniendo una ventaja abrumadora por superioridad numérica, cooperación y, sobre todo, desgaste. El gorila puede neutralizar a varios, pero solo puede atender a unos pocos a la vez y cada ataque consume una energía que no puede recuperar si el grupo mantiene una persecución consecutiva, lo obliga a desplazarse constantemente y le impide descansar o dormir. Ese es precisamente uno de los rasgos que convirtió al ser humano en un depredador tan incómodamente eficaz: no necesitábamos superar físicamente a una presa enorme, sino perseguirla desde lejos impidiendo su descanso... atosigarle constantemente hasta que feneciera exhausta.

Algo semejante explica cómo nuestros antepasados pudieron enfrentarse colectivamente a animales gigantes como los mamuts: coordinación, relevo, persistencia y tiempo transformaban nuestra fragilidad individual en una capacidad colectiva formidable. El verdadero superpoder humano nunca fue ser el más fuerte, sino poder perseguir, organizarse, planear, pensar estrategias y mantener la presión hasta que la fuerza bruta del adversario dejaba de bastar por puro agotamiento físico.

SOMOS LETALMENTE BUENOS.

6d
Un suscriptor

«No toméis como citas mías y ciertas todas las que se me atribuyen en Internet».
(Albert Einstein y Abraham Lincoln).

7d
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