Una petroquímica para vivir
Y otros asuntos dignos de ser anotados
Lo que es tener paciencia, ¿eh? Dicen las lenguas (si son malas lenguas o no ya lo dejo a vuestro criterio) que soy una mujer de poca paciencia. Quizás porque esas lenguas han dicho eso desde que soy «shequitita» he hecho un esfuerzo por cultivar esa virtud que tan poco se me ha achacado.
Anteayer regaba un aloe vera que me traje de casa en agosto, a comienzos de mes. Mi madre había plantado un esqueje para que yo me lo llevara a Madrid. Está creciendo un poquito lento, como lo hacen las plantas, pero la velocidad a la que crece me da algo de igual. La cosa es regarlo. Del cubremacetas saqué la maceta y directamente del grifo le eché el agua. Y antes de meter de nuevo la maceta en el cubremacetas tuve que dejar que el exceso de agua se fuera por los agujeros del fondo. Agité un poco la maceta y me quedé quieta un rato, mirando cómo el agua caía de la maceta al fregadero, despejado porque Isabel, la hacendosa Isabel, había hecho la cocina unos minutos antes. No sé cuánto estuve así, diría que poco, pero sí sé que estuve muy quieta, y que pensé qué distintos se sentirían esos segundos si fueran a la salida del metro y el muro de gente delante de mí me impide salir rauda y veloz. Estuve un rato congelada, con el cubremacetas en la mano izquierda y la maceta en la derecha, ambos brazos alzados, la cabeza ladeada y en completo silencio, y tan feliz viendo el agua caer de poquito en poquito.
En fin, no creo que ninguno de vosotros haya tenido que cultivar la paciencia esperando mi siguiente escrito por aquí, pero espero encender algunas ilusiones cuando el correo correspondiente (la correspondencia cobra ahora mucho sentido, ja) llegue a vuestras virtuales bandejas.
Tengo, como siempre, mil temas en la cabeza. Como siempre, también, me apetece escribir de lo que se me pasa fugazmente por la mente y no de todo el archivo de posibilidades que puebla mi palacio mental, que ya sabéis que es una cabañita más bien pequeña.
Así que vengo a escribir cosas que he escrito con anterioridad, cosas que me han pasado y que he anotado en el chat con mi propia persona en esa app de mensajería que tanto detesto. Procedo.
COSA 1: Estábamos en el curro y en una conversación aleatoria escuché a uno e intervine, se dio el siguiente diálogo:
—Jefe es levadura.
—¿Que te hace crecer?— pregunté, inocente.
—No, «hefe» es levadura en alemán.
Me hizo mucha gracia el diágolo y lo anoté.
COSA 2: Fui a la boda de unos amigos en Tarragona. En la fiesta una niña muy simpática de la mesa donde me había sentado dijo que no tenía problema en acercarme a la estación junto con otra chica a la que iba a llevar, amiga mía, al día siguiente. Suponía un desvío recogerme, pero ella estaba encantada de estar a las 7:30 en la puerta de donde yo me quedaba a dormir (la casa de la novia, ja).
Total, que son las 8:00 am y estamos pasando junto a una estructura monstruosa de metal y humo y nos explica que es la petroquímica y yo qué sé qué más. Y comenta:
—Es heavy el ser humano, lo que necesita para vivir.
Pensé que era un buen tema para escribir un ensayo o algo titulado «La necesidad creada», porque me horrorizó que creyera que necesitamos una petroquímica para vivir.
COSA 3: En la boda tuve una conversación guay, que despertó mis (nulas) ganas de subir algo a la otra plataforma que odio que tiene que ver con los trabajos y hacer el paripé. Después de la petroquímica escribí esto y luego murió (el tema, no la persona). Ahora lo releo y me parece terrible y divertido a partes iguales.
COSA 4: Hay conductores de autobús majísimos. Hace una semana me subí a un bus y en la siguiente parada subieron dos señoras. El conductor preguntó dónde se bajaban, para estar pendiente de ellas, y además esperó a que se sentaran. La escena más habitual en los buses de la EMT es ver señoras siendo catapultadas hacia el fondo del autobús. La primera ley de Newton, la de la inercia, establece que un objeto en reposo permanecerá en reposo a menos que una fuerza externa neta actúe sobre él. Las octogenarias de Madrid lo saben bien.
En ese mismo bus subió una señora y el hombre del asiento de delante se levantó muy galán y la dejó pasar. Le dio un «buenos días» que a mí me dio envidia, y luego ha dicho «Yo me apeo aquí. Hala, ¡hasta luego!» y se ha despedido de ella y yo creo que es la primera vez en años que escucho a alguien usar el verbo apear en voz alta.
Y ahora varias anécdotas del Metro.
COSA A: La gente en el metro tiene conversaciones muy divertidas. Un chaval comenta con su amiga:
COSA B: Pasé la tarjeta, el torno se quedó pillado y no pude acceder. Me acerqué al empleado del Metro, que después de comprobar mi tarjeta en la máquina con gesto serio me dijo que ya no podía salir de allí y que tenía que quedarme hasta el día siguiente. Le pregunté si no tendría una tienda de campaña donde pudiera pasar la noche yo.
¿Lo más gracioso? ES LA SEGUNDA VEZ QUE UN SEÑOR DEL METRO ME HACE ESA BROMA. La otra no la recuerdo, pero recuerdo que me pasó.
COSA C: Otra conversación que escuché hace poco: un chico le contaba a algún colega por teléfono que no, que no había hablado con «ella», que había evitado todo el contacto, y que estaba en consulta (nadie sabe si es dentista, psicólogo o fisio) y que estaba en la salita de descanso y llegó una compañera y le dijo que había una paciente fuera preguntando por él y que cuando salió era la exnovia, que se le echó a llorar diciéndole que esa había sido la única manera que había tenido para hablar con él y que estaba fatal y que necesitaba verle. Guau.
Y nada, hasta aquí. A ver si me animo a escribir más… Últimamente me dedico más a pintar (eso me da unas pelas extra, algún día escribir también me las dará, espero). Mientras tanto, quedaos con los brazos alzados, mirad cómo el agua cae de la tierra de vuestra maceta al fregadero y pensad embobados que podríais estar así un buen rato y no pasaría nada.
Adiós.
P.D.: He decidido que no voy a revisar esto, paso, así que habrá faltas, ¡rayos, truenos, destrucción y caos! ¡Dios me pille confesada!
Adiós.
¡Has llegado al final! Toma, tu recuerdo del Bosque: 🍃
Comentarios
La vida es eso que pasa en todas partes... y te cuenta (y te gusta que lo haga) la gente que sabe escribir. ;-)